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NACE LA CIUDAD DE LOS NIÑOS AC
Al hablar de “La Ciudad de los Niños A.C.” incluimos automáticamente el nombre de su fundador P. Roberto Cuéllar SJ, o mejor dicho “Don Rober”como le decían de cariño.

El camino para llegar hasta donde se encuentra la CN actualmente, no ha sido nada fácil, tanto físicamente como en su organización, la historia es muy larga y no solamente  incluye acontecimientos históricos, sino que la envuelve la magia de la vida de más de  15 mil alumnos que han pasado por aquí.

 

P. ROBERTO CUELLAR SJ
Todo empieza con la misma persona de “Don Rober”, quien nace el día 26 de Septiembre de 1896, desde siempre quiso ser sacerdote y por ello era fiel a los haberes de la religión católica.
En el año 1908 ingresa al seminario en su natal ciudad Durango, pero por motivos históricos trascendentales:  Madero y la Revolución, en 1911 se traslada a la Ciudad de México para continuar sus estudios de Filosofía; termina sus estudios en el año de 1920 y a pesar del miedo a ordenarse recibe el presbiterado de manos del Sr. Mendoza y Herrera el 24 de Septiembre,
dos días antes de cumplir 24 años. 

 

Su destino fue Sombrerete, Zacatecas, ahí llegó el 21 de Octubre del mismo año para estar al frente de la Iglesia de Santo Domingo, donde fundó un sindicato de obreros (CETCT) al año de ordenado. 


Los primeros ejercicios espirituales que vivió Don Rober ya ordenado fueron impartidos por un jesuita y sintió la necesidad de llevar una vida más perfecta; después de un año volvió a vivir los ejercicios de San Ignacio y manifestó al Señor Obispo que su verdadera vocación era pertenecer a la Compañía de Jesús.

El 26 de mayo de 1923 fue admitido al noviciado jesuita y su destino fue Fort Stockton, Texas y para continuar con sus estudios lo trasladan a España, de ahí a Paris donde se empapó de  las obras sociales que la compañía tenía en Francia. Después de hacer su tercera probación la Compañía de Jesús tuvo a bien encomendarlo al Instituto de Ciencias en Guadalajara para ser profesor de Lengua Nacional.

Fue el día 2 de febrero del año 1932 cuando se incorpora definitivamente a la Compañía de Jesús.


NACE LA CIUDAD DE LOS NIÑOS AC
En el periodo como profesor de Lengua Nacional en el Instituto de Ciencias, el P. Cuéllar tiene la oportunidad de trabajar con los obreros en una fábrica de los señores Aguilar y tuvo la intención de fundar una Central Obrera, pero esto no se pudo llevar a cabo pues carecía de apoyo y de elementos para constituirla como tal. Tiempo después se presentó un grupo de doscientos obreros de la Mutualista León XIII, que después se constituiría como la Mutualista Obrera. En 1934 un grupo de niños se reunía en el patio de una casa y se empezaban a organizar bajo la iniciativa y tutela de la Mutualista Obrera; fue en esa temporada donde el milagro empezó pues Don Rober comenzó a organizarlos como pequeños obreritos impulsado por el gran amor que sentía al trabajar en este medio de la niñez y juventud obrera.

El P. Cuéllar, sin saberlo, empezaba a dar un giro de 360º en la vida de miles de seres humanos que aún no nacían... y muchos no lo han hecho.

Pronto Don Rober estaba en medio de aquellos chiquillos inquietos y traviesos dirigiendo sus juegos, presidiendo sus reuniones, instruyéndolos y organizándolos, de manera que desde el principio tuvieran por norma manejarse solos, actuar por si mismos, asumir sus propias responsabilidades.

La pobreza en la que vivían algunos niños era tal que no tenían ni qué comer ni que vestir; unos huérfanos, otros vivían con familiares, pero de todas maneras el común denominador era la miseria.

Es así como presurosamente el P. Cuéllar se dio a la tarea de buscarles alimento y vestido. Tocó muchas puertas y a pesar de la ayuda recibida batalló por encontrar un lugar en donde establecerse, es así como renta una casa por el barrio de San Juan de Dios; el grupo de niños que atendía comenzó a crecer y se hicieron escuelas en locales prestados y así funcionó cerca de dos años.

Al paso del tiempo y tomando ya forma, el Sr. Don José Aguilar obsequia un terreno cerca de la Calzada Independencia y ahí se instalan los niños junto con el P. Cuéllar; en ese terreno se hizo un tejado, luego un portal, después unos cuartos y así fueron teniendo cubiertas las necesidades más imperiosas para dormir, estudiar, trabajar y comer. Esa construcción fue habitada por los niños huérfanos que vagaban por San Juan de Dios; el P. Cuéllar los acogía, los juntaba por la noche, les daba catecismo, los hacía jugar, les rezaba el rosario y les hacía que aceptaran sus responsabilidades y así pasaron muchos meses; en aquel tiempo Don Rober seguía con sus compromisos en el Instituto y fue así como se repartía entre las obligaciones de uno y de otro lugar.

Después vinieron las ayudas económicas, existía un Comité de Señoritas y un patronato de Señores que querían mucho a esta obra y aportaron una gran ayuda y así se pudo transformar la escuela en algo más formal así como también los talleres, para ese entonces existía el taller de telar, prensas de mosaico y carpintería.

Para 1940 el número de los muchachos creció en gran cantidad, en este momento se agregó otro pedazo de huerta al terreno para llegar a medir dos mil quinientos metros cuadrados y así se consolida la primera casa que al principio se llamó “LA CASA DEL NIÑO OBRERO”. Pero como por otro lado comenzó la “CASA DE LA NIÑEZ OBRERA” para evitar confusiones y dificultades que empezaron a suscitarse, se optó que se llamara “LA CIUDAD DE LOS NIÑOS” y para que se distinguiera mejor le agregaron “DEL PADRE CUELLAR”, aunque el nombre oficial es “LA CIUDAD DE LOS NIÑOS AC”.

El número de niños seguía creciendo llegando hasta más de mil; para ese entonces los superiores del P. Cuéllar le dieron todo su apoyo para que estuviera al frente de la casa y le suspendieron las labores en el Instituto de Ciencias.

Después de unos años Don Rober pensó en un lugar más amplio para el bienestar de los muchachos ya que en el que vivían era insuficiente. Estuvo a punto de cerrar un trato para comprar un terreno en Atemajac, pero no se concluyó porque carecía de agua y otros servicios básicos, coincidió con la compra de terreno que hizo Don José Aguilar Figueroa en el actual Chapalita y le ofreció al P. Cuéllar que escogiera una porción.

Fueron 32 hectáreas las que se donaron en cooperación con los demás dueños colindantes del terreno: los Sres. Javelly y Don Salvador Vergara.

Este terreno es en donde se ubica actualmente “LA CIUDAD DE LOS NIÑOS”. Así se veía cumplido el más grande anhelo del Padre Cuéllar ver una Ciudad de los Niños con toda una serie de instalaciones que permiten el desarrollo libre del niño en un ambiente de hogar, de internado, de escuela y capacitación plena para desarrollar un trabajo que permita enfrentar la vida.


LA MUERTE DE DON ROBER
En el mes de Septiembre del año 1970 cayó enfermo de los bronquios y pulmones y estuvo internado en el Sanatorio de Santa María Chapalita. Se puso mejor y pudo salir para celebrar sus cincuenta años de Sacerdote. 28 días antes de morir, el 26 de Septiembre el P. Cuéllar celebró sus Cincuenta Años de Vida Sacerdotal. El padre habló conmovido: “De los 50 años, han sido para esta obra de la Ciudad de los Niños más de 35. El Señor me ha dado una herencia preciosa, en tantos hijos de esta bendita institución.

Testimonios son y representantes de los miles de muchachos, estos sacerdotes que conmigo han celebrado: Esta es mi gloria y mi corona. Me faltan las palabras.

Que el corazón hable. No me resta sino repetir: Porque es bueno, porque su misericordia es para siempre”.

La enfermedad que padecía el P. Cuéllar se alargó y con ello vino la complicación pulmonar, tiempo después la muerte.

La noticia se esparció por Guadalajara, los medios de comunicación informaban: “Cientos de niños lloran, cientos de jóvenes admiran y muchos adultos bendicen al ejemplar Sacerdote Roberto Cuéllar García. A la 1:30 de la mañana del día 24 de Octubre de 1970 se apagó la vida de quien vivió y trabajó por mies de niños, que encontraron en él, amor y apoyo del padre o de la madre que les faltaba... La obra del Padre Cuéllar con una existencia de 35 años y un saldo de 8 a 10 mil muchachos egresados, que actualmente sirven a la Patria en nobles oficios por él impartidos, cumplió ampliamente con el ideal que se propuso en vida”. Descanse en paz