Biografía de Don Róber!

 

Semblanza biográfica

 P. Roberto Cuéllar García S. J.
“Don Róber”
1896-1970
Compendio de Alberto Medina Orozco
Nacimiento e infancia
Roberto Cuéllar García nace el 28 de septiembre de 1896 en Durango, Dgo., en el seno de una familia con gran estrechez económica pero con notoria riqueza en valores cristianos fincada particularmente en su señora madre, doña María Concepción García Pescador. El recién nacido es bautizado casi un mes después, el 25 de octubre, en la Parroquia del Sagrario Metropolitano por el padre Víctor Sánchez; el dos de octubre de 1898 recibe la confirmación también en la ciudad de Durango de manos del segundo arzobispo, Don Santiago Zubiría y Manzanera.
En los albores del siglo veinte la familia Cuéllar García tuvo que residir en lugares distintos del Estado, debido a que don Lauro Cuéllar Carreón, progenitor de Roberto – y de otros nueve hijos e hijas -, carecía de empleo fijo como docente de primaria; es así que, viviendo en Santiago Papasquiaro el niño hace su primera comunión, en 1903, de manos del señor cura Vergara. A su temprana edad Roberto Cuéllar se esmera en servir como acólito y desde entonces concibe el firme pensamiento de ser sacerdote.
Seminarista y sacerdote
En las postrimerías del Porfiriato, en 1908, Roberto tiene su hogar en la hacienda denominada La ciénega; entra al Seminario acompañado de su tío Emiliano quien lo deja bajo la tutoría del mismo presbítero que lo bautizó, el ahora maestro de ceremonias de la catedral Víctor Sánchez. El alumno pronto se ve obligado a separarse temporalmente de la institución a causa de un fuerte paludismo contraído; una vez superada la enfermedad regresa al plantel, conducido esta vez por don Lauro, su padre.
El estallido revolucionario de 1910 provoca, entre otros efectos, la clausura del Seminario, y el joven seminarista se traslada a la ciudad de México a continuar su preparación recomendado por el Sr. Gavilán. En la capital del país durante dos años cursa Filosofía Escolástica y parte de Teología; retorna a Durango en días de relativa calma a completar sus estudios eclesiásticos.
En 1918 recibe las órdenes menores y el subdiaconado en Aguascalientes, puesto que en Durango el arzobispo está ausente por las condiciones socio políticas imperantes. El 26 de septiembre de 1920, justo dos días antes de cumplir 24 años de edad recibe el presbiterado, literalmente en la clandestinidad, en la capilla privada del tercer arzobispo de Durango Don Francisco Mendoza y Herrera.
Primera encomienda y labor social
El neo sacerdote es destinado como vicario a la iglesia de Santo Domingo en Sombrerete, Zacatecas; al término de un año funda un sindicato de obreros. Asiste a ejercicios espirituales dirigidos por jesuitas y aviva el propósito de perfeccionar su vida; establece dos escuelas para niños y niñas. 
En 1921 participa como representante de un sindicato minero en un congreso católico de obreros que se realiza en Guadalajara; conoce allí al Sacerdote José Garibi Rivera, director de un grupo de trabajadores.
Toma otros ejercicios de San Ignacio de Loyola y confirma su vocación de hacerse religioso y ligarse con los votos de pobreza, castidad y obediencia; consigue el permiso de su Ordinario y su admisión a la Compañía de Jesús. En su breve paso por Sombrerete imprime su celo pastoral social. 
Formación jesuita
El Padre Roberto Cuéllar es admitido en la Compañía de Jesús el 26 de mayo de 1923 e ingresa al Noviciado en Fort Stockton, Texas; el 31 de mayo de 1925 pasa a la categoría de estudiante junior y hace los votos del bienio, primeros votos públicos simples y perpetuos; durante el siguiente año el personal de Fort Stockton se muda al nuevo edificio de Isleta College, en El Paso.
A Europa.- En 1926 cruza el Atlántico para estudiar Filosofía e iniciar el curso mayor de Teología en el colegio de Sarriá, en Barcelona, España. En 1931 los jesuitas son expulsados del país ibérico por los revolucionarios que habían destronado a Alfonso XIII; Sarriá se dispersa y el P.Roberto se traslada a concluir el Teologado en la Gregoriana de Roma, donde presenta su examen final ad gradum a mediados de 1932. En ese tiempo conoce al Papa Pío XI y al Cardenal Pacheli, el futuro Papa Pío XII.
Luego, el P. Roberto se dirige a Amiens, Francia, con el objetivo de hacer su Tercera Probación por el espacio de un año – período propio para la reflexión y auto afirmación vocacional – que inicia el uno de septiembre de 1932. En este lapso profundiza su vida espiritual y visita obras sociales francesas, como ya lo había hecho durante su estancia en Barcelona y Roma; lo impresiona también la organización con niños del Padre Flanagan, sacerdote estadounidense. Recibe el Pax Christi y es enviado a Guadalajara, México. 
De vuelta a la patria.- El 22 de agosto de 1933 Roberto Cuéllar regresa a México a ejercer su ministerio en el Instituto de Ciencias de la capital jalisciense; en este centro educativo imparte clases de Gramática, Latín y Religión. En el país rige el Maximato en su expresión de la extrema restricción de las libertades religiosas, lo cual significa una camisa de fuerza inhibitoria del accionar social cristiano. En este escenario, el dos de febrero de 1934 hace sus votos solemnes de pobreza, castidad y obediencia, y otro cuarto voto de obediencia al Santo Padre.
Inicio de la Obra: la Casa del Niño Obrero
El mismo año de 1934, con la aprobación del rector del Instituto de Ciencias el P. Roberto combina lo docencia con la atención a niños huérfanos o desamparados que vagan por el barrio de San Juan de Dios. Vestido de obrero, - para confundir a sus perseguidores - reúne a los muchachos en corrales y tejados y allí les provee alimentos, les organiza juegos, les da catecismo, les reza el rosario, y les infunde el sentido de responsabilidad con distintas tareas. El grupo de infantes crece y el Padre Cuéllar les proporciona escuela en locales prestados o rentados; este servicio lo desarrolla también con el apoyo moral y económico del Monseñor Garibi. A la par, el P. Roberto intenta fundar una central obrera católica, sin conseguirlo por carencia de diversos elementos; sin embargo dirige a decenas de obreros y sus hijos, agrupados los últimos en la Vanguardia Infantil, constituida ésta en 1935 por la Sociedad Mutualista León XIII, con sede en la calle República No 56. El Sr. Arzobispo Orozco y Jiménez lo nombra asistente eclesiástico de dicha Vanguardia y de los obreros católicos.
A grandes y chicos los instruye en organización interna, les fija normas y les forma directivas para que se conduzcan a sí mismos asumiendo sus propias responsabilidades.
En 1936, con la implantación gubernamental de la educación socialista y ante el constante acoso de los inspectores el P. Roberto se ve forzado a cerrar el local de la calle República y a peregrinar de casa en casa para evitar – como los hubo – asaltos imprevistos y destrozos; se cambió primero a Industria No 24, luego a la Calzada Independencia No 81 y posteriormente a Calpulalpan No 76, entre otros domicilios. Eran espacios reducidos, improvisados e inadecuados. 
En junio de 1937 el insigne benefactor José Aguilar Figueroa le facilita un terreno en Federación No 72 donde comienza a construir la Casa del Niño Obrero; personas generosas forman un comité de señoritas y un patronato de señores para apuntalar la obra que ven con suma simpatía. El edificio se levanta con mano de obra de los muchachos; se construye el comedor, la cocina y cuartos multiusos: dormitorios, aulas, talleres, salas de sesiones, etcétera. Los grupos que la habitan se multiplican con rapidez, de tal suerte que en 1943 se atiende a mil alumnos, de los cuales 150 son de dormitorio, 250 de comedor, y el resto sólo van a recibir clases – todavía en locales desperdigados – o son muchachos de la Vanguardia que ya trabajan, pero todos reconocen la casa de la calle de Federación como casa madre, y al Padre Roberto como “Don Róber”, su tutor y guía.
Desde el año 1940 el Padre es exentado del magisterio en el Instituto de Ciencias y se dedica de tiempo completo, en cuerpo y alma, a concretar su convicción. Pronto es evidente que esta casa resulta insuficiente para tan ingentes necesidades, y el Padre Cuéllar visualiza contar con instalaciones más amplias.
La Ciudad de los Niños
Los señores José Aguilar, Pedro Javelly y Salvador Vergara donan 36 hectáreas en la colonia Chapalita. El 29 de abril de 1944 el Arzobispo José Garibi bendice el terreno y pone la primera piedra  de lo que, paulatinamente, fue conformando la Ciudad de los Niños, casa de huérfanos, pobres y desamparados, donde reine el ambiente de familia, donde esos niños encuentren el calor y el cariño de un hogar que no tienen, donde encarnen en su espíritu el sentido de responsabilidad.
En el área se asignan tierras de cultivo y establo; con la participación de los niños trabajando como peones, albañiles, carpinteros y más, construyen dormitorios, el comedor, la capilla y la escuela.
En el aspecto económico, los donativos de bienhechores fijos y esporádicos y la sociedad en general a través de colectas, contribuyen a solventar los pesados gastos cotidianos; celebridades como el cómico Mario Moreno “Cantinflas” se suman a la causa con presentaciones altruistas.
La Ciudad de los Niños es admirada y visitada por sacerdotes y obispos, incluso por el Cardenal Confalonieri, Legado del Papa, en el año 1966; es visitada además por diplomáticos, empresarios y políticos, entre estos el Presidente Miguel Alemán.
Nueva dirección
El 14 de abril de 1963 el Padre Cuéllar es relevado del cargo de director de la obra que fundó por el P. Francisco Xavier García de Quevedo. Al Padre Roberto se le nombra entonces Colector de limosnas, Proveedor de Alumnos, director de la revista “Mi Hogar”, Prefecto de Espíritu y director de los antiguos alumnos; se le permite vivir en la comunidad de la Ciudad de los Niños, como un miembro más, sin ingerencia en el gobierno de la Casa.
El nuevo director modifica varios aspectos del mecanismo que había funcionado durante años, uno de los más notorios es la reducción del alumnado; también es evidente que la relación personal del P. García de Quevedo con el fundador es desconsiderada. El Padre Cuéllar convive así, con discreción, hasta el día de su muerte.
Fallecimiento
En septiembre de 1970 el Padre Cuéllar resiente una aguda recaída en una afección bronquio pulmonar y es hospitalizado. El día 26 acusa mejoría y se le permite celebrar sus bodas de oro sacerdotales en la Ciudad de los Niños; en esa especial ocasión lo acompañan sus niños, numerosos ex alumnos – veinte de ellos sacerdotes que concelebran con él -, bienhechores, y Don José Garibi Rivera, Arzobispo de Guadalajara, entusiasta impulsor de la Obra y amigo dilecto del festejado, que en su alocución manifiesta: “La obra que aquí se realiza toda es obra de Cristo. Todos los que pasan, aunque sean hombres de mundo y distraídos por otros asuntos, cuando se dan cuenta de la actividad y del ejercicio que aquí se desarrolla tienen que proclamar: ¡Bendita esta obra; aquí se ejercita la caridad cristiana!”
Días más tarde los malestares de la enfermedad sobrevienen con mayor agresividad y exigen de nuevo el cuidado hospitalario para el paciente; las complicaciones en la salud se agravan y en la madrugada, a la 1:30 horas del 24 de octubre de 1970 el Reverendo Padre Roberto Cuéllar García S. J. entra santamente a la Pascua Eterna.
Su legado
Hoy, en 2012, después de 77 años de fundada el espíritu del Padre Cuéllar pervive en su obra que perdura. En vida, ofreció hogar a unos 15,000 huérfanos, pobres y desamparados que allí encontraron alimento, vestido, escuela, trabajo y formación cristiana; entre ellos, “Don Rober” llegó a tener una corona sacerdotal de 22 presbíteros del clero diocesano y 3 religiosos.
Las voces de sus hijos en Cristo, sus ex alumnos, se refieren a él con encomios, y de igual manera opinan sus colaboradores. Otras voces autorizadas, honorables, emitidas con diáfano discernimiento, objetividad y conocimiento de causa, expresan:
“El P. Roberto Cuéllar fue de gran talla moral; en aquel hombre sencillo, vestido muy modestamente, vigoroso y sonriente anidaba un gran corazón…; contagió de hombría a muchos niños que se acercaron a su sombra cuando aún no sabían por qué vivir, ni cómo vivir, ni para qué vivir”. (P. Rafael Gómez Pérez S. J. Revista “Mi Hogar”, diciembre de 1974)

“Fue un elegido de Dios. No tenía las cualidades humanas que tal vez pueda exigir el mundo, pero tenía las cualidades divinas que exige Dios para sus obras: era un hombre profundamente humilde, profundamente sencillo, caritativo y comprensivo… Hay cometas que aparecen de vez en cuando en el firmamento de la Iglesia, que dan su luz; y muchas veces queda la cola de ese cometa iluminando todavía a la humanidad. Para mí, el P. Cuéllar fue uno de esos cometas que no estuvo sujeto a ninguna órbita…, que apareció en uno de nuestros barrios iluminando las tinieblas de la pobreza y de los hogares de los pobres”. (P. Alfonso Navarro Vergara S. J.)
“¿Cómo dar una semblanza de Don Róber? 74 años de vida, 50 años de sacerdocio, 36 años de entrega a la Ciudad de los Niños… es demasiado para caber dentro de las pastas de una delgada revista, o siquiera de un tomo grueso. Padre cariñoso, educador enérgico, cristiano fervoroso, sacerdote fiel, hijo devoto, director exigente, hombre santo de saco raído y cabello despeinado… Estas son algunas de las múltiples facetas de esta gran personalidad que supo cultivar lo mejor en alumnos, colaboradores y bienhechores por igual”. (Revista “Mi Hogar”, octubre de 1996 en el centenario del nacimiento del Padre Cuéllar)

Egresados de C. N.

Misión

Consolidar y acrecentar la Sociedad de Ex Alumnos, y a sus familiares como comunidad solidaria y auto gestiva, en base a los valores de fraternidad, responsabilidad y respeto, inculcados y legados por nuestro benefactor fundador el Padre Roberto Cuéllar García, S. J.
Visión

La formación académica y espiritual adquirida por los alumnos de la Ciudad de los Niños del Padre Cuéllar; es un cimiento y baluarte de su personalidad, según el carisma ignaciano; mas una vez que éstos egresan de la institución requieren sin embargo del acompañamiento profesional en aspectos sico-sociológicos, y en todos aquellos que les posibiliten la generación de espectativas de crecimiento integral satisfactorio, sustentado en acciones honestas, responsables, congruentes, para el beneficio común, estructuradas de manera organizada con el modelo de la comunidad fincada en valores trascendentes.

OBJETIVOS:

 Interacción comunitaria. Se cuidará de forma y fondo, enriquecer cada una de las actividades que tradicionalmente nos han cohesionado, como la Eucaristía y el desayuno mensuales, la posada para los alumnos, y otras convivencias y conmemoraciones diversas a lo largo del año. Se buscará estrechar los lazos con nuestros hermanos menores, en coordinación con las autoridades